Su nombre de pila parece ser otro, ese mismo que le asigna a cada transeúnte que llega a su triciclo. Es paradójico: recibe el nombre que da a quienes saluda, como si en cada nuevo bautizo renovara el suyo propio.
Es Familia.
Santiago (o Familia) lleva más de 20 años atendiendo en la misma parte de siempre: el paradero de buses de la Ochenta ubicado en la plazoleta de la Villa de Aburrá. En esos 20 años ha empujado su carrito, que ahora es un triciclo, llevando comidas, bebidas y cigarrillos para el alivio de los noctámbulos. A cada personaje que arrima a sus lares le llama de la misma manera: "Hola familia" o, en arranques de inspiración, "quihubo pues familión". No se sabe si el familión responde a una prole numerosa, a un exceso de afecto o a una engordada y vencida cuenta que, como familia numerosa, hace mella en las finanzas.
Las provisiones de Familia son tan variadas como depurada es la técnica para conservarlas: desde churros con arequipe y palitos de queso, pasando por el "pan de leche", hasta el producto estrella: la empanada. Otrora compuesta de trozos de salchichón cervecero mezclados con arroz, hoy en día su empanada competiría con las más encopetadas del Valle de Aburrá. "Ahora tienen carne molida cocinada en chimichurri", comenta orgulloso.
Lo llamativo de las empanadas es su empaque, que las libra del frío callejero y las mantiene casi tan frescas a medianoche como a las tres de la mañana. Y no es que cada una venga en un empaque térmico desarrollado por la Nasa. El principio es sencillo: una nevera de icopor con capas sucesivas de papel aluminio, entre las cuales dispone hileras de empanadas una al lado de la otra; al final está la tapa de la nevera, que luego se cobijará bajo un caucho y un individual de esos que por encima parece un mouse pad y por debajo una carpeta de crochet. El frío no tiene cómo colarse, el calor no se escapa y el aire no reblandece la mercancía.
Familia siempre está atento a recibir a propios y extraños cuando llegan a su triciclo, al cual ha adosado un llamativo paraguas que, a su vez, le salva de las inclemencias del tiempo, le sirve de aviso luminoso y le hace ver como una especie de helicóptero averiado repostando en la avenida. Algunas veces se pone de mal humor. No falta el que quiera aprovecharse de que paga mil pesos por una empanada y quiera comerse todo el ají con ella, haciendo un hueco considerable en las finanzas del tricíclico negocio. En esos momentos se ve a Familia enfurecido arengando contra el conchudo. Pero las más de las veces se le ve sosegado, esperando a que el tiempo, la noche y la soledad pasen, mientras sueña con partidas de ajedrez imaginarias o recordadas. Porque Familia es un asiduo jugador de ajedrez, y podría decirse que complementa sus ingresos con los réditos de una que otra partida ganada a un taxista incauto.
Pienso en Familia y me pregunto: ¿cuán grande es su familia? Y no me refiero a su progenie, sino a todos aquellos a quienes nombra como tal, con esa (¿cómo evitarlo?) familiaridad que atrae a propios y extraños. Y me pregunto, mirando a esa calle vacía y medio húmeda que se extiende detrás suyo, si acaso esta ciudad necesita de más familias, de más Familia, de más personas que, desde su mismo saludo, nos concedan ese estatus. Sé que Familia no puede hacer mayor cosa. ¿Pero qué lograremos hacer si nos hacemos familia? Ni Santiago ni yo sabemos esa respuesta.
Se te olvidó comentar sobre el genio matemático que tiene "Family" al hacer las cuentas de quienes le adeudan en un rato. Un hombre que memoriza cada uno de los productos que varias personas le han consumido y, además,realizar el cálculo matemático en un instante.
ResponderBorrarNo debemos olvidar tampoco su particular forma de servir los productos. Tiene él un método que yo podría calificar de geométrico. ¿no lo has notado?
Cabe señalar, a propósito del comentario de Jorge, que Familia tiene una forma partiular de decir la cuenta, emulando las versiones de software. Así, si el monto a pagar es, por ejemplo, $2,500, te dirá "dos punto cinco". Cuando el importe se ha pagado, la clave para anunciar el paz y salvo es "cero cero".
ResponderBorrar