Entradas anteriores

jueves, 9 de febrero de 2012

Steven Wilson - Grace for Drowning (2011)

No soy experto en música (ni siquiera sé tocar instrumento alguno), pero sí que sé cuándo me gusta algo y cuándo no. En este caso, más que una cuestión de gusto se trata de una seducción, así, en el sentido etimológico.

Hace poco tiempo conocí el último álbum del señor Steven Wilson, cerebro detrás de la banda británica Porcupine Tree. Se trata de Grace for Drowning (algo así como "La gracia de ahogarse"), publicado en el año 2011 bajo el sello Kscope. Es un álbum doble con un total de 12 pistas, 7 de ellas en el disco 1. Cuenta con los arreglos y orquestación del maestro Dave Stewart, más conocido por haber integrado el dúo de música pop Eurythmics en los años ochenta y, más recientemente, por integrar la superbanda SuperHeavy.

Steven Wilson - Grace for Drowning

Mi primera impresión al escucharlo fue de asombro. El álbum no parece de esta década: antes bien, recuerda ese espíritu experimental del rock setentero, con temas largos (algunos muy largos) y estructuras que difícilmente llegarían a sonar en la radio (aunque, justamente, conocí el trabajo gracias a su difusión en Radiónica). Está cargado de atmósferas distintas, oscuras y a veces erráticas, que bien pueden pasar de la tensión a la calma y de vuelta en cuestión de segundos. No pude evitar compararlo con los buenos trabajos de Pink Floyd o Rush. Debo confesar que no es fácil escucharlo por primera vez; a la segunda, apenas comienza a atisbarse un sentido en todo ello; pero ya después de la tercera, o al menos eso me pasó a mí, se convierte en toda una adicción. La recomendación es escucharlo con audífonos y sin afanes, aunque si usted dispone de un sistema 5.1 será mejor conseguir la mezcla especial para este formato (que, dicho sea de paso, está nominada en esa categoría a los premios Grammy 2012).

Como me las voy a dar de crítico musical, haremos un pequeño recorrido por cada uno de los temas que lo componen. Si están de acuerdo conmigo o no en mis impresiones, agradezco que lo comenten.

Disco 1.
1. Grace for Drowning: el corte que le da nombre al álbum es una pieza instrumental, cuyo inicio acústico hace pensar en músicas antiguas. La voz de Wilson se convierte en un instrumento más, que se suma al piano y, por así decir, juega un juego helicoidal con él, dejándose acompañar a veces por otras voces en segundo plano. Duración: 2:05.
2. Sectarian: es, tal vez, la pieza más sólida del trabajo, y a su vez la más pesada. No se dejen engañar por su comienzo acústico y baladudo: se trata de un crescendo en el cual vamos acumulando tensión, a medida que se va sumando la guitarra eléctrica, hasta que, por fin, poco más de un minuto después, sentimos para dónde va la cosa. El riff es sencillo pero consigue atrapar. La instrumentación se va haciendo cada vez más compleja y oscura, llevándonos a puntos sonoros cada vez más altos para, depués de los dos minutos, mostrarnos la ferocidad que esconde. En este punto suenan unos coros sublimes, casi operéticos, que remiten a paisajes épicos. De súbito, sin pedir permiso y sin necesitarlo, el tema comienza a dar vericuetos dignos de una pintura de Escher, enroscándose en sí mismo, girando en cualquier dirección (o eso parece al principio). Y si parece que la música va "bajando", se trata solo de una ilusión: después de los seis minutos notamos cómo regresan los estallidos, cómo nos eleva de nuevo hacia las nebulosas que transitábamos al principio. Al final, unos pajarillos nos recuerdan (me recuerdan) a Goodbye Blue Sky de los Floyd. Duración: 7:41.
3. Deform to form a Star: esta hermosa pieza acústica, montada sobre la base de un piano, es la primera que nos permite escuchar las estrofas cantadas por Wilson. Al principio parece simple, pues se limita casi exclusivamente al piano y la voz, hasta que, poco después del segundo minuto, escuchamos el ensamble que (imagino) preparó Stewart. Si me lo preguntan, es tal vez el corte más apropiado para su difusión. Memorable el primer solo de guitarra: lágrimas siderales inundan las cuerdas. A mí me pasa que, luego de escucharla algunas veces, la cadencia del coro se queda pegada del recuerdo, y a veces me sorprendo tarareándola. El segundo solo de guitarra es menos digerible, más rasgado y ácido. Hacia el final, la atmósfera se impone sobre todo lo demás, para sorprendernos de nuevo con una súbita recarga que imita al coro, pero que es esencialmente otra cosa. Duración: 7:51.
4. No Part of Me: el inicio, aunque suave, puede ser algo desesperante. Se trata de una especie de cortina que nos vela el ingreso de la voz, que sucede sobre el minuto y cuarenta segundos. Tiene un sabor a nostalgia, a cosa ida para siempre, con una base de beats acelerada casi al punto de la discoteca, sin perder el sabor a balada de despecho. Pasados los 3:20, una vez más, aparece el giro inesperado: una tendencia más rockera y distorsionada comienza a apoderarse del tema, llevándolo hasta un punto en el cual las guitarras y los sintetizadores nos transportan a otra etapa del paisaje, mucho más visceral. Luego, tan abrupto como siempre, se impone el final faltando unos 10 segundos. Duración: 5:44.
5. Postcard: esta postal sonora comienza, como en el caso del corte 3, con el piano y la voz de Wilson, dando la apariencia de una balada convencional, casi lennoniana. Luego se van sumando otros instrumentos (algo de cello por ejemplo), añadiéndole un toque melancólico. Puede alcanzar puntos muy altos que, como chorros de agua en la fuente, se cortan de plano, para dejarnos de nuevo en el estrato anterior: la voz y el piano. Es un sube y baja triste, que invita a la evocación, a la ensoñación. Hacia el minuto dos con cincuenta, con el ingreso de la batería y los coros, el tema se levanta hasta la esfera de las grandes composiciones, y el espíritu se remonta más allá de las nubes. Pero no se acostumbren: con este álbum no hay forma de acostumbrarse. Unos cantos fúnebres, si se me permite el término, dan cierre a esta pieza. Duración: 4:29.
6. Raider Prelude: este corte, también instrumental, retoma algo de la atmósfera oscura con que cierra el anterior, pero esta vez la lleva al extremo (es, tal vez, la pieza más oscura del trabajo). Los coros me recuerdan la famosa escena de las máscaras en la película Eyes Wide Shut. Funciona como bisagra entre la nostalgia del anterior... y lo que viene. Duración: 2:23.
7. Remainder the Black Dog: iniciando con un piano que me recuerda a Diamanda Galás, este corte nos presenta a la voz de Wilson alterada por ecos, como si nos viniera de ultratumba o de una dimensión muy lejana, mientras el piano se va haciendo cada vez más complejo. Tras el ingreso de la batería notamos que el tema se desvía, formando una atmósfera con dejos de grunge. Más adelante va ganando fuerza dramática, gracias en buena medida a los coros y a la ejecución de la batería; tras un breve lapso de esto, un poco de notas erráticas nos conducen al ingreso de la guitarra eléctrica, corrosiva, casi impertinente. Algo de viento nos distrae de esta lluvia ácida, pero cuando más nos vamos encariñando, el tema da un salto enorme, para, tras el minuto cuarto con veinte, presentarnos toda la fuerza de un bajo sólido, la batería enfilada y una guitarra con distorsiones cada vez más cortantes. Tras esta tormenta llega una pequeña calma, continuando sobre la misma batería; luego los vientos sincronizados nos hacen antojar de más. Y allí, cuando menos la esperamos, llega de nuevo la guitarra, ácida, estridente, mezclada con el piano acústico. Tras la mitad del sexto minuto nos devuelve el tema a la atmósfera inicial, con un piano de base y algunos sonidos oníricos acompañándolo. El regreso de la batería marca una parte melódica, en la cual la guitarra, en segundo plano y casi que mimetizada, prolonga los momentos como Gaudí prolongó las cúpulas de la Sagrada Familia. Hacia el minuto nueve comienza un fade out que nos indica que los restos de este perro negro, y del primer disco, se han consumado. Duración: 9:27.

Disco 2.
1. Belle de Jour: este tema, totalmente instrumental, pinta un paisaje de calma y sosiego que, luego del cierre de la primera mitad, ya venía haciendo falta. Hace honor a su nombre y nos permite pensar, en efecto, en días hermosos, en recuerdos queridos. Perfecto ensamble. Duración: 2:59.
2. Index: acaso el tema psicodélico de este trabajo, este índice nos presenta pronto la voz de un Wilson que declama, casi rapea, sobre un fondo de sonidos repetitivos, maquinales. Casi en el minuto con veinte segundos introduce otra atmósfera, más del siglo XXI, adornada con la palabra "index" camuflada gracias al vocoder. La percusión casi militar contrasta enormemente con el caos sonoro en que nos sumergen los arreglos. Todo un vórtice onírico, un sueño a medio camino entre la pesadilla y la visión beatífica. La música se va haciendo más coherente y ordenada, consiguiendo un crescendo que se extenderá casi hasta el final de la pieza, desvaneciéndose primero, y luego desapareciendo de tajo, tras unas voces emitidas por un altoparlante. Una pieza, a mi modo de ver, bastante floydiana. Duración: 4:49.
3. Track One: este corte nos muestra a un Wilson casi al desnudo, solo con su guitarra acústica, entonando sus versos sobre los arpegios que le resguardan. El coro se adorna con arreglos que recuerdan canciones de cuna, y gracias a los arreglos corales adquiere una forma sublime. De pronto, poco después del minuto quince segundos,un golpe nos despierta de ese sueño, llevándonos a un paisaje tenso, que me recuerda las erupciones solares. La tercera parte de este tema pone una base de guitarra acústica sobre la cual Wilson pinta tristezas con su guitarra eléctrica, en un solo magistral. Hay un video disponible de este tema y pueden verlo acá. Duración: 4:16.
4. Raider II: si algún tema de este trabajo comienza con oscuridad y misterio, de seguro es este. El segundo profanador (yo diría que en realidad es el primero, pues el Raider Prelude, como ya dije, funciona más como puente) nos presenta, después del minuto y medio, a un Wilson alejado, como si nos hablara desde otro planeta. Su voz se pierde entre sonidos espaciales que conducen a un breve silencio, tras el cual, como un trueno, encontramos un reprise que, digo yo, es la firma de este trabajo: el regreso de la contundencia que ya tuvimos en Sectarian. Aparece luego del minuto 2:50. La voz de Wilson cobra todo el protagonismo luego de esto, recordando por ratos a Perry Farrell. La flauta traversa se suma a la melodía, creando una composición con dejos de sinfonía pesada. El tema sigue sus vericuetos, llevándonos por pasajes ora acústicos, ora erráticos, ora eléctricos (y electrizantes). En síntesis: este tema, como lo fue Echoes para los Floyd, se convierte en el plato fuerte del trabajo. Vale la pena dedicarle el tiempo. Duración: 23:21.
5. Like Dust I have Cleared from my Eye: desde el comienzo, cuando Wilson nos susurra al oído, sabemos que este tema será honesto y directo. Efectivamente así es: su guitarra y su voz ns predisponen a escuchar una confesión profunda y secreta. La pieza elegida para cerrar el álbum es otra de las menos "voladas", pero a su vez conserva toda la unidad temática que permite pensar en este trabajo como un álbum concepto. La atmósfera oscura que crea se va perdiendo en un lentísimo degradé, rayano incluso con la eternidad. Soberbia manera de cerrar un excelente trabajo. Duración: 8:01.

En síntesis: se trata de una obra maestra. Por favor dedíquenle el tiempo y, si así lo quieren, cuéntenme qué tal les parecieron mis impresiones.

Calificación: 9.5 (excelente).

1 comentario:

  1. Nota: como ya pasó la ceremonia de premiación de los Grammy, debo informar que lamentablemente este trabajo no ganó en su categoría.

    ResponderBorrar