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martes, 21 de junio de 2011

Solsticio de Verano

Hoy es el Solsticio de Verano. Es muy posible que mucha gente se pregunte qué demonios es eso, especialmente en nuestras tropicales latitudes. Algunos, cuya curiosidad puede saciarse con pocas palabras, han encontrado una respuesta muy simple: es "el día más largo del año". Y listo, un motivo más para celebrar, ¡epa! Pero esperen... ¿el día más largo?

¿Y es que acaso hay días más largos? ¿No duraban todos lo mismo, esto es 24 horas? ¿Me engañaron desde la primaria, así como me dijeron que había 9 planetas y uno llamado Plutón?

Lo primero es que no se trata de un día más largo en cuanto a su duración. Un día es, y no es embuste, el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta sobre su propio eje (movimiento de rotación, ¿recuerdan?). Este período dura 24 horas. En otras palabras: si tuviéramos un observador externo a la Tierra (llamémoslo "My Expresident"), atento con su mira telescópica y su sonido satelital a un punto fijo en el planeta (llamémoslo "Chuzada City"), mirando a su reloj carísimo y registrando lo que ve, nos diría que esa coordenada a la que está atento, Chuzada City, se va alejando progresivamente hacia el horizonte hasta desaparecer por completo (de la vista, pues el sonido satelital continúa registrando calumnias contra personas impolutas), durante un lapso de 12 horas (los relojes carísimos son altamente precisos para este tipo de observaciones), hasta reaparecer en el lado opuesto del globo, acercándose a ritmo regular. My Expresident podrá tener de vuelta a Chuzada City bajo su telescopio pasadas 24 horas, medidas con un reloj carísimo o incluso con uno barato.

Dicho esto podemos pasar al siguiente punto. Si usted todavía no entiende bien el fenómeno de la rotación terrestre, por favor haga la tarea de estudiante mediocre y créale a este enlace. Si, de otra parte, se siente aludido por los ejemplos, diríjase a los abogados más prestantes de Chuzada City.

El otro punto es el siguiente: la Tierra tiene algunas particularidades más. La más notoria de ellas es que su eje no es perpendicular a la órbita que sigue alrededor del Sol (o "traslación", de la cual hablaremos en breve), sino que presenta una inclinación de 23,5°. Esto tendrá algunas consecuencias, naturalmente, y antes de considerarlas invitamos a mirar el siguiente gráfico.




En él aparece la órbita de la Tierra alrededor del Sol (en adelante la llamaremos por su nombre, la "eclíptica") representada como una línea blanca horizontal. El eje de la Tierra muestra su inclinación. Por ahora imaginaremos a la Tierra como un trompo, danzando alrededor de su eje mientras recorre la elíptica.

La primera consecuencia de ello es que, dependiendo de la latitud a la que nos encontremos (o a qué distancia, norte o sur, nos encontremos de la línea del Ecuador), y dependiendo del momento del año en que nos encontremos, los rayos del Sol nos pueden llegar de manera perpendicular o no. Eso afecta dramáticamente a los polos, y tiene enormes repercusiones en las zonas templadas. Para nosotros, habitantes del trópico, es relativamente indiferente. Nosotros no tenemos estaciones, y el Sol siempre está relativamente "sobre nuestras cabezas".

Sirva esto para decirlo de una vez. NO tenemos estaciones en el trópico, por lo cual carece de sentido hablar de "verano" e "invierno" por estos lados. Si quieren llamémoslos "tiempo seco" y "tiempo de lluvias".

Ahora bien, como veníamos diciendo, la inclinación del eje de la Tierra varía el ángulo desde el cual vemos el Sol en Tierra. Si alguien tuviera la disciplina y contara con la buena suerte de un clima despejado, podría registrar, mes tras mes, o una quincena tras otra, la posición relativa a la cual ve el Sol elevarse (tomando como referencia el Ecuador). Así, vería que el Sol alcanza la mitad (el Ecuador) dos veces por año, en lo que se conoce como los equinoccios. Esta palabra hace referencia a que la noche, por encontrarse el Sol sobre el Ecuador, tiene la misma duración que el día. Suelen ser los tiempos más frescos del año en las zonas templadas, y corresponden a la entrada de las estaciones de primavera u otoño.

Un comentario medio al margen. Como la historia la han escrito los pueblos del hemisferio norte, ellos han decidido que los solsticios y equinoccios llevan los nombres de las respectivas estaciones que les suceden. Pero resulta que el hemisferio sur es el reflejo del otro, y los nombres resultan ser los contrarios. Así, por estos días de junio se vive el invierno en Argentina, Chile, Sudáfrica y demás países de la zona templada sur. Ofrezco disculpas por esto a posibles lectores del olvidado hemisferio sur (escribo esto desde Medellín, ubicada un poco más de 6° al norte del Ecuador, por lo cual me debo incluir en el hemisferio norte), pero seguiré usando los nombres tradicionales. Acabo acá la digresión y regreso pronto a mi tema.

El atento observador de la salida del Sol notará también que hay unos puntos en los cuales el astro llega a una máxima distancia con respecto al centro (el Ecuador), bien sea hacia el norte (solsticio de verano) o hacia el sur (solsticio de invierno). Esto ocurre los días 21 de junio y 21 de diciembre, respectivamente. El siguiente gráfico puede ilustrarlo mejor:



Ahora bien, si alguien hoy estuvo atento al Sol del mediodía, notaría que no estuvo sobre su cabeza. Para que eso fuera posible, el observador tendría que ubicarse 23,5° por encima del Ecuador (en el llamado "trópico de Cáncer") para que, a las 12:00, su sombra quedase justo debajo de sí, es decir, invisible. A medida que seguimos subiendo hacia el norte veríamos cómo el Sol va descendiendo, en esa misma proporción, hacia el sur, hasta que, sin darnos cuenta, habríamos llegado al Polo Norte. ¡Allí no se pone el Sol hoy! Lo que verías durante el día es el Sol iniciar su recorrido aparente en un punto y describir un círculo perfecto alrededor tuyo, para estar, 24 horas después, en el mismo punto de partida. ¡El "Sol de medianoche"! Ojalá pudiéramos estar allá... aunque el frío extremo no es para nosotros, lampiños habitantes del trópico.

Sólo quería decir todo esto para que pensáramos en eso: en el Sol de medianoche. Hoy debe ser, sin duda, un motivo de festejo en esas latitudes. ¿Por qué no habríamos de festejar en estas? E incluso que celebren los del hemisferio sur: en diciembre les llega su desquite con el Sol de medianoche antártico.

2 comentarios:

  1. Disfruté del recorrido hasta llegar al Sol de medianoche. Cosa muy extraña para nosotros tropicales sin remedio que sufrimos del invierno de un día y el verano de una noche.

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  2. Gracias Antonia por tus palabras. Me gusta lo de "tropicales sin remedio".

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